El valor y el sentido del ser humano
RUTA DE LAS IDEASCaminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
La pregunta sobre el valor y el sentido del ser humano ha sido un tema central en la filosofía a lo largo de la historia, y diferentes pensadores han ofrecido perspectivas variadas según sus contextos históricos, culturales y sistemas de pensamiento.
Como en el poema de Machado, cada filósofo fue marcando una huella en el camino. A continuación, un resumen de las ideas de algunos de los más destacados sobre este tema.
Platón
427-347 a.C.Platón, en la Antigua Grecia, veía al ser humano como un ser dual compuesto por cuerpo y alma. Para él, el verdadero valor del ser humano reside en su alma inmortal, que está vinculada al mundo de las Ideas, un reino de perfección y verdad. El sentido de la existencia humana consiste en trascender las limitaciones del mundo sensible a través de la razón y la filosofía, buscando el conocimiento del Bien Supremo. En su "Alegoría de la caverna", sugiere que el propósito del hombre es liberarse de las ilusiones materiales para alcanzar la verdad.
Aristóteles
384-322 a.C.Aristóteles, discípulo de Platón, ofrecía una visión más terrenal. Para él, el valor del ser humano radica en su capacidad racional, que lo distingue de otros animales. El sentido de la vida se encuentra en alcanzar la eudaimonía (felicidad o florecimiento), que se logra mediante la práctica de la virtud y el desarrollo pleno de las potencialidades humanas en armonía con la razón. En su "Ética a Nicómaco", argumenta que la vida buena es una vida activa y contemplativa guiada por la excelencia.
Agustín de Hipona
354-430Desde una perspectiva cristiana, San Agustín consideraba que el valor del ser humano proviene de ser creado a imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, tras la caída (el pecado original), el hombre está marcado por la imperfección. El sentido de la existencia humana, según Agustín, es buscar a Dios y encontrar la redención a través de la fe y la gracia divina. En sus "Confesiones", escribe: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".
René Descartes
1596-1650Descartes, padre del racionalismo moderno, puso el valor del ser humano en su capacidad de pensar. Su famosa frase "Cogito, ergo sum" ("Pienso, luego existo") subraya que la esencia y el sentido del ser humano están en la conciencia y la razón. Para él, el propósito de la vida incluye el uso metódico de la duda y el intelecto para alcanzar verdades claras y distintas, tanto sobre el mundo como sobre uno mismo.
Immanuel Kant
1724-1804Kant veía el valor intrínseco del ser humano en su autonomía y dignidad como ser racional. En su "Fundamentación de la metafísica de las costumbres", propone que los seres humanos deben ser tratados siempre como fines en sí mismos y nunca como medios. El sentido de la vida, para Kant, implica vivir de acuerdo con la ley moral universal (el imperativo categórico), que surge de la razón práctica y da al hombre un propósito ético.
Friedrich Nietzsche
1844-1900Nietzsche ofreció una visión radicalmente diferente. Rechazó las nociones tradicionales de valor y sentido impuestas por la religión o la moral convencional (como el cristianismo, que llamó "moral de esclavos"). Para él, el ser humano tiene el potencial de crear su propio valor y sentido a través de la "voluntad de poder" y la afirmación de la vida. En "Así habló Zaratustra", propone la figura del "superhombre" (Übermensch), que supera las limitaciones humanas y abraza la existencia sin necesidad de trascendencia externa.
Jean-Paul Sartre
1905-1980Como existencialista, Sartre argumentó que el ser humano no tiene un valor o sentido predefinido: "La existencia precede a la esencia". En su obra "El existencialismo es un humanismo", sostiene que el hombre es radicalmente libre y responsable de crear su propio propósito mediante sus elecciones y acciones, lo que genera tanto una gran libertad como una profunda angustia.
Martin Heidegger
1889-1976Heidegger, en "Ser y tiempo", exploró el sentido del ser humano a través del concepto de Dasein (el "ser-ahí"). Para él, el valor del ser humano está en su capacidad de cuestionar su propia existencia y confrontar la finitud (la muerte). El sentido no es algo dado, sino que se descubre en la autenticidad: vivir plenamente consciente de nuestro "ser-para-la-muerte" y asumiendo la responsabilidad de nuestra existencia.
Cada filósofo aborda el valor y el sentido del ser humano desde una perspectiva única: para algunos (Platón, Agustín), está ligado a lo trascendente; para otros (Aristóteles, Kant), a la razón y la ética; y para los existencialistas (Nietzsche, Sartre, Heidegger), a la libertad y la autoafirmación.
Contrapunto crítico: ¿existen los valores si no se pueden tocar?
Hasta acá, todos los filósofos le dieron al ser humano algún valor y algún sentido. Pero otra corriente fue más lejos y puso en duda que los valores existan. Su razonamiento, resumido: un valor no se ve, no se pesa, no se mide ni se fotografía; entonces, o es una emoción disfrazada, o es una invención, o es un error.
Veamos primero sus argumentos y, en cada caso, una réplica. Tocá cada cartel para abrirlo.
David Hume (1711-1776): del "es" al "debe" no hay puenteLos valores nacen del sentimiento, no de la razón
Por más que describamos hechos (qué es el mundo), de ahí no se deduce lógicamente qué debemos hacer. Para Hume, lo bueno y lo malo no se descubren con la razón como se descubre un dato: se sienten. Una acción nos aprueba o nos repugna, y eso no es una propiedad que se pueda observar en el objeto.
Que los valores no sean hechos físicos no prueba que no existan: prueba que son de otro tipo. Además, los sentimientos morales (la empatía, la indignación ante una injusticia) son una parte muy real de la vida humana, y Hume mismo los tomaba en serio como base de la convivencia.
Ayer y Carnap (Círculo de Viena): lo que no se verifica no significa nadaEl positivismo lógico, siglo XX
Solo tienen sentido los enunciados que se pueden comprobar con la experiencia o que son verdades lógicas. Como "la solidaridad es buena" no se puede comprobar con ningún experimento, no sería una afirmación verdadera ni falsa, sino la expresión de una emoción. A esta idea se la llamó, medio en broma, la teoría del "¡hurra!" y el "¡buu!".
El propio principio de verificación no se puede verificar con la experiencia ni es una verdad lógica: se autorrefuta. Por eso fue abandonado en gran parte, incluso por quienes lo defendieron. Y la ciencia, que ellos admiraban, funciona con valores como la honestidad, el rigor y la coherencia, que tampoco se tocan.
Friedrich Nietzsche: los valores son invenciones humanasLa mirada genealógica
Los valores no bajaron del cielo ni están escritos en la naturaleza: los inventaron personas concretas, en épocas concretas, con intereses concretos. Si se mira su origen (su "genealogía"), el bien y el mal aparecen como máscaras de la debilidad o del poder.
Que algo tenga un origen humano no lo hace irreal: también el idioma, las leyes y la moneda son invenciones humanas, y funcionan. Además, Nietzsche no dijo "no hay valores", sino "hay que crear otros": su filosofía está llena de valoraciones (afirmar la vida, la grandeza, la honestidad intelectual). Para desenmascarar valores hace falta, justamente, un valor.
John L. Mackie (1917-1981): los valores serían "raros"La teoría del error
Si los valores existieran de verdad, serían entidades muy extrañas, distintas a todo lo que hay en el universo, y necesitaríamos una facultad también extraña para conocerlas. Como nada de eso parece haber, nuestras afirmaciones morales serían un error: creemos describir algo que en realidad no está.
El argumento supone que solo existe lo que es como una piedra. Pero los números, los derechos, las deudas, las reglas de un juego o el valor de un billete tampoco son cosas físicas, y nadie duda de que operan en la realidad. Dejar fuera todo lo que no se toca es un prejuicio, no un descubrimiento.
Nuestra visión crítica: cinco golpes de realidad
Intangible ≠ inexistente
Un billete de mil pesos es papel con tinta; su valor es un acuerdo social que no se toca, pero que decide si comemos o no. Lo mismo pasa con la Constitución, una amistad o la hora: no los agarramos con la mano y rigen nuestra vida todos los días.
Se ven en sus efectos
Nadie vio nunca "la justicia", pero vimos a las Madres de Plaza de Mayo dar vueltas durante décadas por ella, y vimos cooperativas, escuelas y vecinos organizarse por solidaridad. Un valor se reconoce por lo que hace hacer a las personas.
Hecho y valor van mezclados
Palabras como "cruel", "sano", "injusto" o "digno" describen y valoran al mismo tiempo. Separar del todo "lo que es" de "lo que vale" es más fácil en el pizarrón que en la vida real.
Quien los niega, los usa
Para decir "los valores no existen" hay que dar razones, ser coherente y pretender decir la verdad. Es decir: se usan valores (honestidad, rigor) para negar los valores.
Son la brújula del camino
Machado dice que "se hace camino al andar". Bien: pero para dar el próximo paso hay que decidir hacia dónde. Si no hay camino hecho, los valores son lo que nos orienta, como las estrellas o los mojones al costado de una ruta. No se pueden agarrar, y sin ellos no sabríamos para dónde ir.
Esta es una lectura crítica, no la única posible. Los escépticos aportaron algo valioso: nos obligaron a justificar nuestros valores en vez de repetirlos por costumbre, y a distinguir entre lo que se puede comprobar y lo que se decide. La discusión sigue abierta, y por eso es filosofía.
Para debatir en el aula
- ¿Qué cosas importantes de tu vida no se pueden tocar ni medir, pero sabés que existen?
- ¿Un valor depende de que alguien lo sienta, o puede ser verdadero aunque nadie lo practique?
- Si los valores fueran solo invenciones, ¿por qué algunos (como no maltratar a otro) aparecen en casi todas las culturas?
¿Quién dijo qué sobre el valor del ser humano?
- Tocá un filósofo de la izquierda.
- Tocá la idea de la derecha que le corresponde: se dibuja una flecha.
- Si te equivocás, tocá la flecha para borrarla (o unilo de nuevo con otra idea).
- Cuando termines, apretá Comprobar.
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